Llanura pampeana, horizonte bajo y unos yuyitos al fondo que dan escala a la inmensidad  campestre. 

Un chancho y un zorro; por cada paso del chancho, tres vueltas del zorro. CHANCHO: Oinc, es momento para sentar cabeza. 

Lo dice y se deja caer de pompas al suelo; el impacto de su peso en caída libre forma un cráter  en la tierra y queda sentado en su huella. El movimiento desplaza al zorro hacía un lateral y  acerca levemente a los yuyitos del fondo convirtiéndolos en un pequeño matorral.  

ZORRO: Ziempre mostrando la hilacha: la comodidad ze impone a zu razonamiento. 

CHANCHO: No enlobemos la conversación… Oinc-game bien: Ve aquel ombú (señala el  matorral), de allí para acá será nuestra parte, donde construiremos las casas; usted del otro  lado haga lo que le “zzzzople” el viento oinc, oinc, oinc (ríe autofestejando su burla al zorro). 

ZORRO: Zi no fuera tan puerco, pensaría que ez un burro. Aquello no ez un ombú, ¿no zientezu  aroma? 

El zorro se desplaza sigilosamente y da vueltas alrededor del chancho (como perro antes de  hacer caca). Da un salto sincronizado y cae en el lomo del chancho. El peso de ambos los  hunde un poco más, quedando el chancho semienterrado.  

Con el movimiento tectónico, el matorral también se desplaza hacia adelante, creciendo y  transformándose en un pequeño árbol. 

ZORRO: Zeguro no reconozca una fruta, en zu chiquero todo zabe igual. 

CHANCHO: Oinc-calculable es nuestro saber, por algo “no hay que mezclar chanchos con  mandarinas” oinc, oinc, oinc. 

Al reírse se entierra un poco más. El zorro aprovecha el movimiento para salirse de encima del  chancho. El árbol se acerca y logran visualizarse unos pequeños frutos rojos en sus ramas.  El zorro toma uno de los frutos y se aleja observando como su territorio es más grande con la  proximidad del árbol al chancho. 

ZORRO: Azepto ¡Del árbol para aquí zerán mis tierras!; y como a ezte fruto lo cortaré para  zacarle mayor jugo… porque los placeres ya no zon para los Dioses: ze nos presentan y es  nuestra dezisión (queda en silencio observando el fruto). 

El chancho gira para ver lo que ocurre, hundiéndose hasta el cuello. El árbol se hace un bosque y los pequeños frutos se vuelven manzanas. 

ZORRO: Zi, lotearé la tierra en manzanas, de zien varas cada una… 

Emocionado, arroja el fruto al aire que crece hasta estallar en una lluvia de semillas. El chancho  se sumerge un poco más en la tierra hasta que una de las semillas germina.  El zorro da un salto brusco hasta el brote naciente, quedando también enterradas sus patas  traseras en la caída. La inmovilidad parcial no lo afecta en su motivación y continúa su  exposición. 

ZORRO: Zerá ahí la Iglezia; (señala a un lado) aquí la munizipalidad; (al otro lado) allá la plaza  zívica… 

Mientras señala, sus patas delanteras se van estirando, adquiriendo independencia, zurzando el  territorio con movimientos reptiloides: 

ZORRO: En eztezzzector dividiré las manzzzanas en cuatro partezzz, para los grandezchaletz  con jardinez y pizzzcinas. Zzzeráparquizzzadoeztezzzector, para laztorrezzz con gimnazzzioz.  

Las piernas enterradas resurgen de la tierra como raíces escamosas con vida propia: 

ZORRO: Zzzeparando, una zzzircunvalación divide a la zzzervidumbre. Manzzzanazcortatadazz  en pequeñozterrenoz con medianerazaltazzz. 

El chancho intenta oponerse a la feroz especulación del zorro mutado en monstruosa criatura  inmobiliaria.  

Sin pronunciar palabra, sólo logra agitar la copa del árbol. El chanco se hunde, quedando  apenas su trompa fuera de la tierra y una manzana que atrapa con la boca. El zorro -o mejor dicho- la cabeza del zorro, que se mantiene pequeña ante la inmensidad de  sus extremidades bífidas, habla tuteando al chancho (ya sin su acento característico). 

ZORRO: Muerde el fruto prohibido, no te vas a morir; tus ojos quedarán abiertos y serás como  yo: conocedor de lo bueno y lo malo. La naturaleza es así, tarde o temprano te comerán a tí. 

FIN.

Por Mariano Salvador Castillo

@marian0_castillo