Por las laderas
el viento chifla,
y acerca la voz de Rita.
VOZ DE RITA: En mi familia nunca hubo tradición de testamentos.
El lago sube,
inundándolo
todo.
VOZ DE RITA: Sin embargo, poco antes de morir, mi mamá mandó a llamar a un abogado.
Las montañas,
ya no más
que islas pequeñas.
VOZ DE RITA: Tampoco teníamos tradición de abogados.
Entre todas ellas,
Una isla reina,
Asoma majestuosa.
…
Y lentamente se acerca,
Un barco
Pequeño.
VOZ DE RITA: Y un testamento parece algo ridículo, cuando no hay nada para repartir con nadie.
En su eterna persistencia,
Logra atracar en la isla.
De él, desciende Rita.
Lleva en sus manos
Las cenizas de su madre.
MADRE: ¡Atenta con el muelle! Cuando viene una correntada del lago, es capaz de que haga cataplúm hacia el agua, y está helada.
RITA: ¡Ay, mamá! No me voy a caer. Además vos, ¿hace cuánto te fuiste de acá? ¿sesent… setent…sen…sss…? ¡Ay, ya me hiciste confundir!
MADRE: Setenta y tres años. Pero en esta isla nada nunca cambió, y mucho menos este muelle traicionero. Bajemos, y haceme caso, que si te llegas a caer vos…
Rita pierde el equilibrio y el frasco tambalea entre sus manos.
MADRE: ¡Ay, no! ¡Por favor diosito no!
Rita recupera su propio equilibrio y el del frasco, ágilmente.
RITA: ¡Ooooooopa! ¡Te – La – Cre – iiiiiii- S – Te!
MADRE: ¡Nena, por favor! (Se lleva la mano al pecho) ¡Mi corazón!
RITA: ¡Ah, no! ¡Esas ya no te las cree nadie!
MADRE: (Recomponiéndose) ¡Ay, bueno! ¡Pero ya no perdamos el tiempo, tenemos que andar!
Avanzan por los caminos montañosos,
de la enorme isla,
rodeada a su vez
por muchas otras
pequeñas islas.
VOZ DE RITA EN EL VIENTO: El abogado nunca llegó a cobrar sus honorarios, la maniobra legal fue puro teatro.
VOZ DE MADRE EN EL FRASCO: ¡No vayas tan rápido, lo importante es disfrutar el camino!
VOZ DE RITA EN EL VIENTO: Pero ella conocía de liturgias, y el ritual fue sumamente efectivo.
VOZ DE MADRE EN EL FRASCO: ¡Bueno, pero si vas a ir de forma tan desganada mejor ni hacerlo!
VOZ DE RITA EN EL VIENTO: Doblegó mi voluntad, contrapesándola con una dosis de un sentimiento extraño que no me atrevo a calificar como culpa.
MADRE: ¡Este es el lugar!
Rita sobre un risco frente al inmenso lago.
Pegada a sí misma mantiene
las cenizas de su madre.
Silencio.
MADRE: Es hermoso, ¿no es así?
RITA: No sé, Mamá. Me hiciste hacer todo un viaje que yo nunca estuve segura de hacer, para que te trajera por última vez a este lugar que tanto te gusta, y tuve que endeudarme para pagar los pasajes…
MADRE: ¿Pasajes? ¿Ssss? ¡No me digas que el mío también lo pagastessss!
RITA: (Lo piensa por una segundo) ¡Eso no es lo importante! ¡Lo que quiero decir es que tuve que hacer todo este camino, sin dejar de escuchar tus indicaciones y… y…
MADRE: ¿Y qué?
RITA: Y cuando esté regresando, todo va a ser silencio. Y no se si me parece terrible o liberador. Y con todo esto… no, perdón, el lugar que elegiste no me parece hermoso.
Silencio.
MADRE: Si no querés que te agarre la noche, y no te lo recomiendo, va a ser mejor que empieces a volver.
RITA: Si, ya sé. Bueno, te dejo acá.
MADRE: Sí, este es el lugar.
Emprende el inacabable
Camino de regreso
mientras el sol
se va extinguiendo.
VOZ DE RITA EN EL VIENTO: Yo no creo que a ella le importara realmente el lugar donde fuera a pasar la eternidad, porque la eternidad no conoce de lugares. Fue la forma de legarme un viaje hacia sus orígenes, y un aprendizaje… que todavía me pregunto cuál fue.