Cabeza de mujer que sobresale de la cima de una montaña. Tiene larguísimos cabellos que caen por la ladera y tocan el suelo. Allí, pequeños hombrecitos escaladores que comienzan a trepar sujetándose de los mechones.
Cabeza: Puedo ser mejor de lo que soy, es sólo cuestión de voluntad y de actitud. Hay que construirse una vida, o al menos proyectarla, sino quién me va a querer, quién me va contratar, cómo voy a mantenerme, si encima no me caso aún, no tengo hijos, ya se me va pasando el tiempo, el maldito reloj biológico que le dicen.
(Un escalador clava una bandera en la montaña, entre los pelos, y los que vienen debajo traen grandes peinetas). ¿Y cuando sea vieja?, ¿vieja y sola? Me parece que prefiero morirme antes. Bah, mentira, no quiero morirme nunca, quiero vivir siempre de fiesta, fumándome una hierbita y tomándome un rico vino, y estar en una terraza con vista a la montaña o al mar y bailar hasta
que salga el sol. Bah, mentira, no me gusta irme a dormir con el sol ya salido, mejor el horario europeo: arrancás tranquila tipo ocho, nueve y a las dos de la mañana ya estás en el sobre. Qué placeeeeer. Bailar y dar un besito, esos son placeres. (Los escaladores estiran bien los mechones y van clavando las peinetas una al lado de la otra, armando corrales en los sitios donde están las banderas). Y no estar con el cronos metido entre los huesos, corriendo de acá para allá, o peor, sin la posibilidad de correr, y que se te caigan el culo, las tetas, la carne de los brazos y de todos lados. Qué triste ponerse viejo. No quiero llegar a vieja, pero no quiero morirme. Quiero la pócima de la eterna juventud. ¡Eso quiero! (Otro grupo de escaladores, desde otra zona de la ladera, clava otra bandera por aquí y otra por allá, sin parar) ¡Uy no, me salió un pelo!! Malditos pelos que no paran de crecer, ¿voy a tener que darme con un láser e incinerarlos para que la corten? Ay no no, cómo los odio, ni con la cera se dejan de joder, los voy debilitando, como la tortura de la gota en la frente, meta cera y cera, sacarlos de raíz para que crezcan débiles, pero ¡claro! Debiluchos siguen creciendo, ¡al pedo! (Este grupo de escaladores repite la misma operación con las peinetas y suman corrales. Mientras tanto los primeros escaladores traen hojas tipo Gillette y comienzan a cortar prolijamente los pelos que quedaron por dentro de los corrales, armando rollos como los de alfalfa). Ay no no no no, y éstos que no me los puedo ver, tengo que ser artista de circo para poder verme los pelos de acá, dejenmé de joder. Así no se puede vivir. Pero si me desvisto delante de otro es un papelón, así llena de pelos. Otras cosas las disimulo, pero un pelo es re concreto. (El segundo grupo de escaladores con sus hojas tipo Gillette repite la misma operación del primer grupo. Helicópteros se acercan por el aire y sobrevuelan la cabeza. Tiran unas sogas con unos ganchos en las puntas. Los escaladores continúan trepando por los mechones hacia la cima). ¡Ah! Un lindo culito, eso es todo. Si tenés la suerte de nacer con un lindo culito tenés el camino asegurado, el de la felicidad digo. ¡Qué pelos, ni celulitis ni palabras cultas, nada! Sos todo sin tener nada más que un lindo culito. Hermoso, quién pudiera. (Los escaladores colocan los ganchos por debajo de la cabeza. Los helicópteros levantan vuelo y la despegan de la montaña. Mientras tanto, algunos mechones quedan enredados en las banderas, el procedimiento se traba, hay que tirar un poco más. Los helicópteros van para un lado hasta que los mechones son arrancados de la montaña. Después van hacia el otro y lo mismo. La cabeza está completamente liberada, con su cabellera despareja y despeinada). Muy despabiladas para el matrimonio y demasiado despabiladas para tener un lindo culito sin pelos. Hacer bien lo que hacemos es todo. Ocuparnos de lo que nos tenemos que ocupar. (La cabeza desaparece junto con los helicópteros. Comienza a sonar el “Arroz con leche”. Del agujero donde estaba la cabeza comienza a salir humo, luego lava que chorrea por la ladera y va arrastrando y quemando todo a su paso).