En un dormitorio lleno de mordiscos, un niño acostado en una cama. De su cola sale un rabo largo que en su extremo final tiene una boca, “la cola boca”. El niño se levanta y baja de la cama arrastrando a su cola boca lentamente mientras recorre con sus dedos los pliegues de las paredes y los muebles. El recorrido lo lleva a la puerta donde hay variedad de baches con diferentes profundidades. Luego de unos instantes el niño apoya su oreja en un huequito como quien espera escuchar algo. El niño susurra suave haciéndole cosquillas a la puerta. La cola boca se agita dando golpes en suelo. Se alza por la espalda del niño hasta llegar a su rostro.
COLA BOCA: ¿Con quién hablas?
NIÑO: Te despertaste.
COLA BOCA: Si fuera por mí le hubiera arrancado una mano o un pie o un pensamiento ¡Déjalo ser! Porque me terminan echando la culpa a mí por defenderte. Un día una mejilla me dijo “no dejes que nadie te trate mal, ni siquiera tú”.
NIÑO: Pero cuando te incomoda algo se puede charlar sin levantar la voz.
COLA BOCA: Pero nadie te escucha, nadie se acerca a nosotros.
NIÑO: Quizás si… sonrieras un poquito más…
La boca se sacude en un grito. El niño se tapa las orejas y empieza a morder la puerta. Tiembla. La cola boca se esconde detrás de él mientras continúa a los alaridos. El niño se escabulle debajo de la cama y sale nuevamente con un pomo de pasta dental. Se toma el rabo y empieza a tirar hasta llegar a la boca descargando la pasta en su interior. La cola boca empieza a babosearse formando una espuma blanca y verde flúor.
COLA BOCA: Ppur qu mu uxpulsustu du tu curu, du tu suntudus. Purqu…
La cola boca se desmaya en el piso. El niño vuelve a la puerta a susurrar. La cola boca se alza en un cúmulo de sonidos estridentes. En ese acto saca su lengua bífida y se introduce en la boca del niño que le da un mordiscón. La lengua huye adolorida.
COLA BOCA: ¡Mis archienemigos! ¡Ajaaaaaa! Nos volvemos a encontrar. Siempre apretados ¡Relájense!
El niño llora, rechina sus dientes, muerde sus lágrimas.
NIÑO: No pueden, no entendés. No me avisan nada. Tienen prisa. Bajan tan rápidamente que no puedo tomar el control.
COLA BOCA: Te vi en el rincón cruzando las piernas, soportando el dolor ¡Solo a mí me masticaste!
Los dientes del niño comienzan una apertura grandiosa midiendo a la cola boca que ágilmente se enrosca haciéndose chiquita. El niño lleva sus dedos hacía un diente de leche y en un tirón se lo arranca dando el primer grito de su vida.